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sol para tu alma

He decidido iniciar este blog sin tener del todo claro el norte, pero con una certeza profunda: quiero que este sea un espacio de reflexión, transparente y genuino. Un lugar que se sienta seguro para compartir lo cotidiano, lo que duele, lo que transforma y lo que aún se está aprendiendo.

Soy una persona observadora y reflexiva. A lo largo del camino he ido recogiendo aprendizajes que no comparto con el ánimo de enseñar ni de presentarme como un ejemplo a seguir, porque creo firmemente que lo que funcionó para mí no es la única ruta posible. Escribo más bien desde el deseo de mostrar que la vulnerabilidad no es debilidad, sino una característica inherente de nuestra humanidad. Un recordatorio de que siempre hay espacio para el trabajo interior, y por lo tanto, propósito, camino y crecimiento por delante.

Aquí quiero hablar de los temas que me atraviesan y los que aún me cuestionan: la vida, la familia, el desafío de ser mujer, esposa e inmigrante. Quiero hablar de los momentos en los que he caído, llorado y tenido que levantarme, pero también de aquellos en los que he reído sin reservas y me he emocionado hasta las lágrimas.

Este espacio también nace de mi amor por Dios, o mejor dicho, de Su amor por mí. De cómo, en medio de cada desafío, le veo actuar no como un espectador distante, sino como mi guía, mi apoyo y mi fuerza para continuar. Aun cuando dudo, aun cuando siento desmayar, Su luz se manifiesta como un rayito de sol sobre la piel en un día frío: con una calidez suave pero firme, Su esperanza brilla en mi corazón y me regala la fe necesaria para seguir adelante.

Deseo que mis palabras puedan ser eso mismo para quien las lea: un pequeño rayo de luz en medio del frío. Si algo de lo que aquí se comparte deja huella, acompaña o reconforta, entonces este espacio habrá cumplido su propósito.

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